10 - LA RUEDA DE LA FORTUNA

               o EL GRAN CAMBIO

La aparición del príncipe disfrazado de ermitaño por el planeta, marcaba en realidad un nuevo tiempo, otro giro de la rueda de doce radios.

En este nuevo giro quedaría al descubierto lo que había estado oculto y sepultado todo cuanto había estado patente, la vida se manifestaría en un espectro de colores, hasta entonces, desconocidos.

Esta fue la primera visión que el anciano ermitaño comunicó a todos cuantos solicitaban el conocimiento:  

Una rueda de doce radios se movía lentamente apoyada en un eje vertical atacado en su base por las dos serpientes que habían sido reunidas y dominadas armónicamente por los maestros y debían serlo por los iniciados que ahora cruzaban el umbral.

El movimiento de la rueda estaba determinado y controlado por la gran Esfinge alada con cara de mujer, alas de águila, cuerpo delantero de león, cuerpo trasero de toro.

El movimiento de la rueda se realizaba bajo los cuatro puntos fijos del zodíaco: Acuario, Escorpión, Tauro y Leo.

Sobre la rueda obraban alquímicamente Mercurio y Urano y en la aceleración o deceleración de la rueda influían, por su lado derecho, una figura de hombre con cabeza de chacal conduciendo los elementos de los planos astrales a la materia y un hipopótamo con cabeza de cocodrilo alado, por la izquierda intentando cambiar el giro de la rueda.

Estos eran las primeros signos que por todo aprendiz debían ser interpretados.

 

 

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 La Rueda de la Fortuna

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Rueda de la Fortuna

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Rueda de la Fortuna