3- LA EMPERATRIZ 

            o  ISIS sin VELO

Atravesando la gran ciudad el discípulo llegó a las puertas de un palacio y fue invitado a entrar.

En medio de la gran avenida que recorría los jardines, se encontró con una mujer sentada en actitud hierática sobre una piedra que llevaba dibujados cinco ojos, en los ángulos y el centro de la cara visible.

Al contrario que la sacerdotisa la mujer no llevaba las ojos vendados y dejaba sus pechos núbiles al descubierto pero no se volvió para mirarle ni varió su actitud contemplativa.

Apoyaba sus pies sobre una luna en cuarto creciente, su mano derecha sostenía el cetro terminado en un círculo expresión de su poder ilimitado y su rango, en el dedo índice de su mano izquierda se posaba el aguila protectora de los procesos alquimicos.

La mujer revelaba el estado de fecundidad incipiente, adornaba su cuello un aro con siete piedras preciosas y coronaban su cabeza doce estrellas.

En su frente se erguía la serpiente de la sabiduría. Atravesaba los jardines un gran río de agua primitiva que operaba la transmutación de los campos y los animales.

La carne débil del discípulo se conmovió ante la presencia de la emperatriz y cruzó su mente, como una idea divina, que tal vez fuese su alma gemela que andaba buscando.

En ese instante apareció el símbolo de Marte sobre la emperatriz y el discípulo supo que no debía moverse en ninguna dirección sino sentir y esperar hasta ser conducido dentro o fuera por sus guias invisibles.

 

 

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La Emperatriz

 

 

 

 

 

 

 

La Emperatriz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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